El sucesor de Currents, entre sintetizadores y guiños a sonidos clásicos.

Cinco años tuvieron que pasar para que el sucesor de “Currents” viera la luz. Si, tal cual fue anunciado hace ya varios meses, “The Slow Rush”, el nuevo disco de Tame Impala ya está entre nosotros en este particular San Valentín.

Si bien ya contábamos con el conocimiento de cuatro canciones del disco, había lugar para la sorpresa ya que la placa está compuesta por 12 canciones. Trabajo que fue realizado en conjunto por la banda (con Parker a la cabeza, por supuesto) y el productor Max Martin.

Al igual que en cada uno de sus discos anteriores, al sumergirse en el mundo Tame Impala uno debe estar preparado para un viaje preestablecido por una especie de continuidad sonora entre cada una de las canciones y a medida que se avanza. Eso se repite, como así también el uso de sintetizadores que dan paso a ese pop que navega entre lo psicodélico y el vaporwave, pero que esta vez se permite jugar con ciertas bases convencionales.



De esa forma por ejemplo, el hilo conductor esta vez no va por lo sinte, si no por la percusión. Ante eso, Parker se permite jugar en “Tomorrow Dust” con guitarras acústicas que mutan hacia sintetizadores que toman de lleno la canción para luego regresar a los acordes y así en loop una y otra vez. Lo mismo sucede en otras canciones del disco en los que en un “On Track” o la ya conocida anteriormente “Lost in Yesterday”, en las que piano y bajo (en ese orden), marcarán el rumbo de cada una de las canciones.

Hay además lugar hasta para algo de Neo Soul y un coqueteo con el Deep House. Entonces ¿Es este el mejor disco de Tame Impala? No ¿Es este un buen disco? Si que lo es.